Hablarte para quererte

No soporto bien tu ausencia ni esta incertidumbre disfrazada de silencio,
ni estos silencios dibujados en el agua estancada.
No me llevo bien con la frialdad que me producen los miedos,
el tuyo y el mío.
Creo que no voy a poder con la desesperanza,
que se retroalimenta y engorda
y ocupa todo el espacio
y no puedo respirar.
No puedo con ella.
Se hace larga la espera y la desolación acude a barrer para casa.

Pero sí, tengo mi forma de ser, que ahora te contiene,
mi perímetro es un abrazo entre tu y yo.
Mis adentros...
mis adentros se hacen panal de miel,
dentro toda la dulzura y toda nuestra verdad.

Y tengo también la mirada en el futuro
y una cierta manía tonta de pensar en optimismo,
en colores.
Y está bien, si uno de esos colores son tus ojos.
Y como siempre me digo y te digo, tengo todo un patrimonio millonario
en sonrisas.

Sacas lo mejor de mi,
sonrisa a sonrisa,
de llanto en llanto,
tu mirada trae la luz y la alegría,
ha entrado tu luz en rincones arrinconados,
y yo los estoy decorando con quimeras a las que voy poniendo nombre,
y también ven la luz y se visten de color
y van tomando forma.

Me tiras de la lengua
y esa es ahora mi manera de vivir,
mi hogar.
Vuelvo los ojos hacia dentro para vivir tu compañía,
muy dentro.
Así vivo.



Me rescatas del silencio, me das la vida

Los silencios,
mis silencios,
que a veces tanto te molestan,
son alternativas al llanto.

Pero estoy contigo,
los silencios entre nosotros,
aquí, entre las brumas,
entre las sombras,
son como pequeñas muertes.
Prefieres llanto y estoy contigo.

Cuando vuelvo de los silencios
es por ti,
igual que cuando voy hacia ellos,
que también es por ti.
Cuando vuelvo, decía, me agarro a la vida con uñas y dientes,
esa es la sensación:
quien habla vence,
quien escribe gana,
quien grita sobrevive.

Mi conversación, mi letras y mi grito llevan tu nombre
y celebran tu esencia,
me agarro a ti con uñas y dientes,
mi vida.

Nuestro nosotros
nos requiere fluidos y parlanchines,
pero me temo que sin silencios
no hay alboroto.

Los momentos dispersos,
indefinidos,
en los que quizá mente, cuerpo y espíritu se buscan y no se encuentran,
quizá esos momentos se desprendan de alguna mala dolencia,
de un mal de ojo imaginario.

Aunque mi ojo solo tiene un mal
y es no ver los tuyos.

Dicen que el amor se gasta con el tiempo

Diríase que a través de tu mirada veo el mundo,
que a través del corazón que habito, el más bello,
siento,
que con tu voz me expreso.
Pareciera que se funden las sensibilidades,
como cuando la piel se eriza solo pensando en la piel.

Y es mágico apreciar con la mente,
con esa parte de la mente que no es razonable,
cómo me rebozo con tu abrazo,
cómo coloco tu aliento entre mi y el mundo.
Y en el cuello una bufanda con tus versos.




Él solo, poderoso

Sí, tantas veces que el dolor no se soporta a sí mismo,
se apodera de todo y luego no sabe qué hacer
él solo, poderoso.
Busco una marea de imágenes
para ponerla en palabras, en mis palabras.
Viajo a las aldeas invisibles que dibujo acogedoras
y me quedo a vivir allí, sin pensar.
Y sin ti. Si me dueles, sin ti también.
Te has ido de viaje.

Luego hay que volver
y coger al gato por los bigotes,
mirar a la vida a la cara que está más cerca que la luna,
mirarme la parte del alma que te pertenece,
escudriñar,
buscar el corazón bajo toneladas de fantasías
y descubrir si se encuentra bien,
o se agobia,
o se divierte,
y dejarle hablar,
que hable siempre
y que escuche también
y que entienda dónde está él mismo
y donde estás tu.
Pero no sé si entiende o cree.
O crea.
Creo que crea.
Vida.

Todo tu magia

La magia de tu sonrisa,
todo tu magia.
Ya sé que no te acaba de entusiasmar
esta fascinación que padezco pero
es lo que hay.
Tus silencios, magia
y tus cascadas parlantes, magia.
Aquello tan tuyo, tan propio
y lo que compartes.
Y esa distancia entre tus extremos,
el cosmos que habito.

Sin poder ni saber y casi sin querer, con el corazón en la mano
siempre,
y el amor chispeando en la mirada,
todo tu magia.

Cantarte a ti es cantarle al amor,
contarte es hablar del cielo que puedo rozar con las yemas de los dedos,
alcanzarte es robarle a la locura sus mejores galas,
esas que luce para recibir a la esperanza y bailar con los duendes del bosque.
Soñar contigo es nadar con las sirenas del mar
y yo nunca había pasado más allá de la playa,
los ojos en el horizonte de cielo y azul.
Gritarle al amor es vivirte,
vivirte es como respirar el aroma a versos o
renglones de vida.
Creerte es rodearme de un viento cotidiano y denso
disfrazado de brisa risueña.
Quererte es creer que el viento talla las rocas
y luego ver cómo lo hace.

Estoy pensando algún día escribir un poema sobre ti,
estoy deseando poder.

Rozar los sentimientos solo por fuera

¿Cómo podría dominar las palabras,
sacarles brillo y regalártelas, en todo momento?
¿Podría ser, cuando no domino mi ánimo?
Siento un compromiso con la escritura,
quizá el respeto no me deje garabatear,
quizá el miedo siga en el fondo absorbiendo la luz
y dejando todo a oscuras.

Quizá el miedo a perderte me esté robando la ilusión cotidiana
y el impulso de salir corriendo hacia ti y hacia el mundo,
quizá llegue a ser terror
y me esté sugiriendo rozar los sentimientos solo por fuera,
y envolverlos para que estén a salvo,
y a la vez
para que no me duelan,
guardados.
A salvo.


En tu respiración

Soy como un cesto de cerezas maduras,
aquí estoy,
color rojo amor,
cuando quieres coges una.

Soy como una nube en tu cielo,
rascas un poquito y lluevo.

Me siento como un arcoíris discreto,
palpitando al ritmo de tu corazón pero sin hacer ruido
y sin dejarme ver,
escondido detrás de las gotas.
Soñarás conmigo y brillaré.

Porque sí, porque vivo para ti.
No te canses de tirar del sedal,
soy tu cometa,
vuelo con tu nombre en letras grandes.
No te canses, porque preferiría dormir en tu sonrisa,
en tu respiración,
en tu pecho,
en tus manos.